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Este ensayo es un recorrido por la fotografía que recoge el dolor y su significado a través de la guerra. Susan Sontag hace una reflexión sobre la relación entre las noticias periodísticas, el arte y el modo en que entendemos las representaciones del dolor. Es un tema que no solo hemos visto en algunas estampas de Goya, sino que es de radiante actualidad, hay cosas que nunca cambiarán.

El libro de fotografías publicado por Ernst Friedrich (miembro y organizador de movimientos anti-milistaristas y anarquistas) en 1924 llamado Krieg dem Kriege! (¡Guerra contra la guerra!) es un libro controvertido por las imágenes y los temas que trata en plena Primera Guerra Mundial y sacadas a la luz años más tarde. En él se muestran los efectos negativos de las guerras, ilustrando soldados heridos, muertos, enfermos o mutilados. Un ejemplo son las fotografías tomadas en prostíbulos, donde los soldados subían su moral con el sexo, siendo también una actividad no recomendada para ellos durante la guerra. Aparecen además soldados sin piernas o con las caras y los cuerpos desfigurados. A pie de cada fotografía hay comentadas burlas en cuatro idiomas (alemán, francés, holandés e inglés) hacia los sistemas militares. Obviamente estos libros de imágenes horribles fueron denunciados por el gobierno, siendo defendidos por intelectuales de izquierda con mucho éxito.

Así, Sontag nos muestra a través del libro de Friedrich una poderosa arma para que la verdad salga a la luz. Ahora parece estar de moda eso de vivir en propias carnes las desgracias ajenas en otros países, con esto refiriéndose a los periodistas y curiosos. Sontag dice “una catástrofe vivida se parecerá, a menudo y de un modo fantástico, a su representación”. Con ello se dice que la representación de algo no es del todo acertada, ya que está expuesto a la imaginación y los pensamientos de cada uno.

Muerte de un miliciano, Robert Capa
En este caso pone otro ejemplo en lo que sería un primer capítulo o apartado, un ejemplo que tiene que ver con el atentado terrorista a las torres gemelas de Nueva York. Con este ejemplo, Sontag cuenta cómo puede llegar a ser tan irreal y surrealista un tema tan serio como lo es este atentado por la manera de representar y tratar el tema en una conocida película (También con la televisión, vídeos, etc). Las fotografías en este caso y en la mayoría hacen que se recuerden, que se comprendan algunos hechos; algo que siempre quedará fijado de un momento que ya no volverá a ocurrir. Con Robert Capa y Muerte de un miliciano ocurre lo mismo. Al recordar las cosas de la guerra nos imaginaremos alguna imagen semejante a las ya vistas como la de Robert Capa en blanco y negro. Por ello las imágenes deben sorprender, recrear, hacernos imaginar que estamos en ese instante y en ese lugar en la escena, buscar dramatismo. Lo que quiere decir esta parte del ensayo es que nuestra cultura ya se ha acostumbrado a usar las imágenes con temas un poco delicados como las guerras y el dolor en general de las personas masivamente y de una manera nada original ya.

El dragón devora a los compañeros de Cadmo, Goltzius. 1588
Los hechos de dolor más representados son aquéllos que son el resultado de la ira divina o humana, no siendo representados hechos provocados por causas naturales. Por ello se representarán pasiones, santos mártires, etc. Sontag defiende que hay diferencias entre las imágenes de los soldados mutilados de Friedrich y la estampa de Goltzius, El dragón devora a los compañeros de Cadmo (1588) ya que impactan ante el espectador pero de una manera diferente. Estos dos ejemplos están realizados con procedimientos diferentes; uno son fotografías, muestra en teoría un realidad común; otro es un procedimiento en el cual se aprecia la mano del artista y la subjetividad y por lo tanto no impactará tanto como las fotografías. Sin embargo a ella le sorprende igualmente una fotografía que una pintura o una estampa.

A continuación se mantiene reflexionando este tema a través de las guerras y sus desastres, concretamente en el siglo XVII con las estampas Las miserias y desgracias de la guerra de Jacques Callot, estampas que también influyeron en Goya en sus Desastres de la guerra (en este caso, la guerra de independencia española en el XIX). Esta serie deja ver toda una crónica de la época que vivió. Representando los horrores de la guerra: las ciudades asediadas, objetos de tortura, violaciones, etc. Se inspiró para ello en la Guerra de los Treinta Años. Los desastres de Goya también causan ese horror en el espectador. Y esa es su función, al igual que Callot Goya también hacía una dura crítica a su época, se intenta sobre todo causar en el espectador fascinación e indignación. No solo la imagen en sí, sino también los títulos y comentarios bajo las imágenes muestran esa subjetividad y originalidad que no sería conveniente en una fotografía.
Los desastres de la guerra, n.º 33: "¿Qué hay que hacer más?". Goya
Concluye Sontag añadiendo que no es del todo cierto que los fotógrafos capten la realidad tal como es a diferencia de la pintura o los grabados. Ellos pueden elegir un momento y otro, una persona u otra, un encuadre o excluir elementos de la escena. Hoy en día sumado a eso tenemos con la fotografía digital, el retoque por medio de Photoshop. Lo mismo que hoy en día es normal que haya una masificación de este tipo de representación bélica. Se supone que el pionero de las fotografías de guerra fue Roger Fenton con la serie de la Guerra de Crimea en 1855. Pero Fenton no retrata la guerra en sí, sino una vida militar aparte. Imágenes de consecuencias de la guerra sin ese dramatismo que veíamos en algunas. Fenton salía un poco mal parado ya que esta guerra no favorecía para nada a Inglaterra. De eso ya se ocupó Felipe Beato que fotografió hechos más importantes para los británicos, como el de la rebelión de los cipayos en la India. 

Levantamiento de bandera en Iwo Jima
Digamos “realista” entre comillas. Pero, ¿Qué es la realidad en realidad? Fenton y muchos otros como Brady habían retocado un poco las fotografías para que todo quedara perfecto y salieran unas fotografías impresionantes, como por ejemplo moviendo los cuerpos que llevaban poco sin vida. En definitiva, cualquier imagen que veamos así por así de este calibre nos impresionará, pero sabremos que es una imagen construida. De alguna manera Sontag critica eso en su ensayo; la fotografía debe ser algo desprevenido y los fotografiados no deben ser meros actores. Con esto se nos caen los mitos. Otro ejemplo a esto que lanza Sontag es el levantamiento de la bandera estadounidense en Iwo Jima en 1945. Resulta que fue todo una recreación, una construcción. Pero no pasa lo mismo con todas las imágenes. Hay algunas en las que no cabe la posibilidad de recrear nada, como la que toma Huynh Cong Ut de los niños vietnamitas. Es el final de un encuentro generado por el puro azar. Últimamente, los fotógrafos se atañen más a las normas en cuanto a la realización de las fotografías, aparentemente sin trucos. Susan Sontag explica que se llega a esto por la aparición de la televisión. 


Niños vietnamitas, Huynh Cong Út. 1972


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